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Tipos de amores irresponsables que todos hemos tenido alguna vez en la vida

Tipos de amores irresponsables que todos hemos tenido alguna vez en la vida

Amores que se limpian con la “separatidad” de la teoría de Erich Fromm. Amores que hacen sudar, creerse invencibles y tirarse de los edificios. Es la lógica del intercambio mal intenso: se aman, pero se agreden: Eros y Tánatos en partida de carritos chocones.
Por ello, a continuación te presentamos el catálogo de malos amores que todo amante desprevenido deberá conocer:

1. El amor balbuceo
Es el amor sin lenguaje, propio de los histéricos y las víctimas del terror al compromiso. No son precisamente amores inmaduros, sino malhablados: amores lengua mocha. Están intoxicados de palabras predecibles, promesas de juguete y sinsentidos. En ellos, todo es movedizo y todo coexiste: el sí con el jamás con el quizá con el siempre con el última vez. Una conjugación de te amos, rupturas y escapes simultáneos. Se valen de lo indescifrable de su mensaje; de tanto escucharlos, aturden y convencen.

2. El amor business is business
Este sigue la mecánica de adquisición, negociación e intercambio de mercaderías humanas que Fromm denunciaba como rasgo característico de la forma de amar de la cultura contemporánea: a ti, objeto perfecto, a ti que estabas ahí esperándome, yo tan yo, tu cliente objetivo, yo tan yo, tan apetecible.

3. El amor trofeo
Es el que expone al otro en una repisa, lo convierte en pancarta, lo muestra a sus amigos, le hace un club de fans y lo cuelga como un título académico en la pared de la oficina. Es el amor camiseta de fútbol, el amor pandereta y vuvuzela. Se asienta en la posesión, la exclusividad y el premio. Es el amor socialité. El amor Vanity Fair. Su premisa: “Si no te exhibo no te tengo”.

4. El amor bandera
En apariencia es similar al anterior, sólo que ya no es un trofeo lo que se expone, sino una bandera convertida en símbolo patrio. Por el amor bandera se lucha, se componen manifiestos, se dividen familias, se inicia una guerra. Es producto de esa misma histeria que procrea héroes, líderes políticos y mesías de iglesias corporativas. Por lo general, grandilocuente, castiga con una pregunta fatal: ¿amas o proclamas?

5. El amor reactor nuclear
El amor reactor nuclear es propio de los desposeídos y las mentes virginales, es el amor añejado, ese que se guardó para el “ser correcto”, que se acumuló al margen de la adolesencia, los valores familiares y las revistas y peliculas. Ese amor que, cuando aparece aquel constructo onanístico-demencial llamado “la persona indicada”, estalla en pedazos y termina matándolos a ambos.

6. El amor máscara
Es un amor teatral, histriónico, autoengañado, que asume su papel a partir del disfraz (despersonalización) del otro. Dice “amo la máscara que te pongo porque me distrae de saber lo que hay detrás (¿de la mía?)”, y escribe un guión que le hace burla a la rutina. Realidad y representación conviven en este amor por funciones, en el cual nadie es quien dice ser

7. El amor más amoroso
Su máxima es “amo tanto mi amor por ti que me olvidé de amarte”. Es el amor narciso, el amor enamorado de sí mismo. El amor que ama amar al ser amado tan amorosamente que al final termina muerto de amor, por esa forma de amar tan amorosa que no ama a nadie. “En última instancia, lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado”, sentenciaba Nietzsche.

8. El amor Constitución
Se fundamenta en cláusulas y convenios. Es un amor contractual, un amor acuerdo de trabajo: ahí se estipula lo debido y lo indebido, se establecen las condiciones de ruptura, se regulan los saludos y los amigos, se normalizan las veces que deben hablarse al día y las conductas ante lo público. Suelen tener artículos especiales para el tema de los celos, las redes sociales y el coqueteo. Es una relación aparentemente controlada y sana, pero, en realidad, es un amor leguleyo, totalitario y que habla mucho por lo que los deja agotados, llenos de cuernos y papeles sin cumplir.

9. El amor Institución
A diferencia del constitucional, este tiene fachada, insignia y efemérides. Es un acta constitutiva, sí, pero también un edificio y una cultura organizacional. Este tipo de amor práctica la forma corporativa y el orden de la apariencia. Presentan sus balances al año, hacen campañas de cohesión de parejas en Facebook, y se pronuncian al unísono con voz soñadora de ONG. Este amor maneja relaciones públicas, adopta perritos y tiene responsabilidad social. Es el amarse con institucionalidad: tener un hashtag y un futuro, ser #ChiquitoYChiquita como Sociedad de Responsabilidad Ilimitada del amor.

10. El amor acabatrapo
Es, quizás, el más agotador del grupo. Lo contiene todo pero por suerte de ruleta. Es impredecible: exprime, cansa, maravilla, agota y enflaquece. Se escuchan alto pero apuñalan por la espalda. Sus practicantes suelen ser hijos deformados de la cultura del amor; ovejas negras del “sentimiento-más-universal” sobre la tierra. De este amor se puede salir rápido, pero es de los que, al final del día, originan dos arquetipos fatales del mundo de las pasiones: las MILF y los viejos verdes.

Kristel Mauricio

marzo 15th, 2017

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