Fiesta de Toros

Una maravillosa invención de Ferrera

Una maravillosa invención de Ferrera

El extremeño corta una oreja con fuerte petición de la segunda en una bella faena plena de inteligencia en el dominio de la colocación, las distancias y la alturas
Entre los que se fueron a la calle Melancolía a despedir al Calderón y los que esperaban en sus casas al Madrí del alirón, se presentía una entrada mermada que no sucedió. Unas 20.000 personas obraban el milagro. Una parroquia bastante más nutrida que la manifa del sábado de los podemitas en Sol. Venía Antonio Ferrera como triunfador de la Feria de Abril. El máximo reclamo empotrado en el reeditado cartel de banderilleros. Tan de domingo. Y Ferrera cumplió las esperanzas del aficionado de sentido y sensibilidad. Las rebosó y rebasó a puro pulso. El latido de la inteligencia torera en la compresión de las alturas de un quinto toro que jamás humilló; el bramido de la expresión dorada en el fuego lento de los años; el temple dormido en sus muñecas. Y la elección de los terrenos del «5» a los que marchó a paso marcial. De Benítez la apertura por alto y la mirada baja. Hasta que los cambios de mano prendieron la mecha de la torería añeja. Su izquierda siempre tapó la obediencia que viajaba por el palillo. Y la consintió cuando la fijaba, y la meció cuando la acompañaba, y la embelleció cuando la vaciaba. La cintura jugaba en la danza. La sal también en su despaciosa derecha. Y en los pases de pecho a la hombrera contraria. Maravillosa la invención. Porque Ferrera se estaba inventado el toro, la coreografía, el todo. Desde la socrática interpretación de las distancias y su sabia colocación. Desde donde manaba el poso. Los ayudados desprendieron también el sabor del toreo macerado. El espadazo desató la pañolada. La oreja de ley a muchos no saciaba. Y se pidió la Puerta Grande.

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La presidencia se aferró quizá a la colocación caída del acero y al vómito derramado para no conceder el segundo premio. Para el gozo y el recuerdo quedó una faena memorable. De salida a hombros en la conciencia del paladar.Antonio Ferrera ya había dejado buenas cosas de su espléndida madurez en lo poco que ofreció el altón y veleto cinqueño de Las Ramblas. Contadísimos el poder, el fuelle y la humillación. Las pintureras medias verónicas como broche del saludo y el bonito prólogo de faena: una trinchera, el pase de la firma y un cambio de mano de nota. Y el toro se desinfló como un globo pinchado. La estocada cayó no poco más abajo del par por los adentros que había clavado arriba con exposición.Banderillas compartieron Juan José Padilla, Antonio Ferrera y Manuel Escribano, siempre con solvencia, en los tres primeros toros. Que fueron los tres cinqueños de la corrida de Las Ramblas. No hubo noticias del trapío en el zapato que estrenó la tarde. Ni de la seriedad ni de la fuerza. Padilla no se dio coba con el marmolillo.De los caballos se escupió el tercero con su armada testa. Bajo de agujas y hechurado. Escribano se apuntó como destello mayor un par al violín, en los terrenos del «1», previo quiebro pegado a tablas. Quiso humillar el toro, pero nada más. Sin vida ni fondo en la muleta.Hasta cinco coreadas largas cambiadas de rodillas le tiró Juan José Padilla al castaño cuarto. Proporcinado en su tipo. Salvo por el cortito cuello. No descolgó en lo poco que duró antes de rajarse. El huracanado prólogo de rodillas de El Ciclón de Jerez y ya. Como si en las poderosas carreras en banderillas hubiese perdido toda su supuesta bravura. Padilla volvió a manejar la espada con inapelable eficacia. Sólo que la trayectoria algo tendida necesitó el apoyo del verduguillo. El público dominical agradeció toda la entrega.Manuel Escribano se ofreció en cuerpo y alma con un sexto de generoso cuello que fue el que más y mejor humilló. Desde que se postró a portagayola, las banderillas de explosión -tremendo el par que nace desde el estribo y muere al quiebro- y el arranque de pases cambiados. El depósito de gasolina del toro, sin embargo, sucumbió. Y aun así Escribano lo exprimió. Lástima que el metisaca final en los bajos afease su esfuerzo y el brindis a José Luis Blanco, su antiguo y leal apoderado.

Kristel Mauricio

mayo 22nd, 2017

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